La alimentación del perro obeso

La alimentación del perro obeso

El perro está obeso cuando pesa un 15% de más.

Este problema no se tiene en cuenta muchas veces aunque habría que tomarlo en serio, pues las complicaciones de la obesidad son preocupantes. El tratamiento consiste en un régimen adelgazante supervisado por el veterinario. Bastante duro para el perro, se debe poner en práctica en una colaboración total con el propietario. Ésta es una condición esencial para que dé resultado.El cálculo de  si un perro supera el famoso exceso porcentual del los que define la obesidad se hace lomando como referencia el peso indicado en el estándar. Más simplemente, se puede considerar que cualquier animal que tenga un pliegue de  piel muy grueso a la altura de- las costillas está demasiado

DEL 24 AL 40% DE PERROS ESTÁN OBESOS
En el perro, residía fácil determinar la obesidad por lo evidente que es. En realidad, es muy frecuente, y se estima que entre el 24 y el 40% de los perros tienen un exceso de  peso superior al 15%. Según un estudio inglés, algunas razas serían propensas a la obesidad, a saber, labrador, colley, coeker, leekel, beagle, cairn terrier, west highlanel white terrier, terrier escocés y basset hounel. Las hembras estarían más expuestas que los machos. Por otra parte, la castración favorecería el fenómeno por disminución de la actividad física. La edad también es un factor de obesidad, debido a la menor actividad lanío en el plano físico como en el inetabólico, pudiéndose relacionar así mismo la falla de  ejercicio con el modo de  vida y el temperamento del animal, así como con la edad, las costumbres e incluso la propia gordura ele- su propietario. Sin embargo, el principal factor de- aumento del peso del animal es el modo de alimentación desequilibrado y sobre todo excesivo en grasas y azúcar. Los pasteles, el chocolate o los restos ele- la mesa son otros tantos aportes energéticos que- favorecen la obesidad, pues se sobreañaden a una ración que a menudo es excesiva. Si bien es muy fácil hacer que- engorde un animal, en cambio es mucho más difícil hacerlo adelgazar después, aparte de que el 31% de los dueños cuyo perro está obeso consideran que el peso de su acompañante es satisfactorio y tienen un noción muy vaga por no decir errónea del equilibrio alimentario.

LOS PELIGROS DE LA OBESIDAD
Aparte del aspecto estético, los peligros de la obesidad son reales. Lo que los dueños sienten como más desagradable es la falta de- vivacidad, ya que el perro se pasa el tiempo durmiendo. Pero además se pueden observar complicaciones tales como trastornos osteoarticulares ligados al ex ceso de  peso (reumatismo, hernia discal, displasia, deformaciones del esqueleto) que terminan por acentuar la letargía; sobrecarga hepática contrastor nos cutáneos ezcematiformes; ralentización del tránsito digestivo con estreñimiento y flatulencias; fatiga cardíaca y respiratoria ligada a la infiltración de  grasa en esos dos órganos. Predisposición a la diabetes sacarina; a veces pancreatitis, infertilidad, mayor sensibilidad a las infecciones; aumento del riesgo en las intervenciones quirúrgicas, incluso las benignas; por último, reducción de- la esperanza de  vida que puede llegar hasta el 50% en caso de- sobrecarga porcentual superior al 20%.

LA PREVENCIÓN: UN CÁLCULO PRECISO DE LAS NECESIDADES
Muy a menudo, cuando el veterinario interviene, el animal ya está demasiado gordo. A veces tiene la posibilidad de- aconsejar a título preventivo. La prevención de la obesidad en el perro requiere el cálculo preciso de las necesidades del animal y el ajuste estricto de los aportes alimentarios en función de  su peso y actividad. Se toma como base el pe-so indicado por el están dar, aunque también se tiene en cuenta el pliegue- de  la piel que no debe ser demasiado grueso. Se impide que el perro tenga la mala costumbre de sisar comida, darle chucherías fuera de las comidas o res tos grasos de la mesa. etc. Se prohíbe la alimentación continua y se le dan dos comidas fijas al día, con alimentos de  apetencia y concentración inedias con objeto de reducir los aportes totales. A los perros muy pequeños se les educa para que sólo tengan su comida y nada más.

UN TRATAMIENTO EN COLABORACIÓN CON LOS DUEÑOS
Para prevenir la obesidad basta con un poco de disciplina por parte del dueño. Al veterinario le costará mucho tratar la obesidad él solo y por tanto hacer adelgazar al perro cuando tenga dificultades para convencer a los dueños de que su perro está demasiado gordo y que se han de tomar medidas draconianas para que esté bien o incluso para que sobre viva.                                     Los propietarios del animal a veces reaccionan negativamente frente a la severidad del diagnóstico y las dificultades psicologicas del tratamiento. Los tratamientos médicos son poco eficaces, y casi no existen saciantes para los animales. Por tanto, el elemento esencial de cualquier régimen es la restricción alimentaria. Ahora bien, el perro reaccionará a esa privación relativa de comida multiplicando sus manifestaciones ante los dueños por lo que resulta esencial conseguir la colaboración total y permanente de cuantos viven al lado del perro. (un objeto de  evaluar los efectos del tratamiento hay que pesar el perro, medirlo y vigilarlo regular mente. Los gráficos servirán para constatar los resultados; al principio del régimen, les ayudarán a los dueños a perseverar. El principio del régimen de  adelgazamiento en el perro consiste en proporcionarle solo el 60% de sus necesidades de mantenimiento, calcinadas en relación con el peso ideal por alcanzar. Esos menores aportes se distribuyen en dos o tres comidas al día, tanto para limitar la retención energética que provocaría una sola comida como para minimizar el malestar del animal. Este régimen pone a prueba la voluntad del dueño porque el animal manifiesta a menudo que tiene- hambre y porque las pérdidas ele- peso son lentas —del orden de 0,5%) al día—, lo que obliga a regímenes de dos o tres meses cuando el perro está muy gordo al empezarlo. Es indispensable la supervisión veterinaria tanto para apoyar al dueño como para controlar el estado de salud del animal, sobre todo cuando el exceso de peso inicial es muy importante. Cuando el entorno del perro no está suficiente mente motivado, se puede recurrir a la hospitalización. Ésta permite tratamientos más rápidos y en condiciones perfectas para el animal, ya que se realizan con un control veterinario total.

DESPUÉS DEL RÉGIMEN
Pero no basta con el régimen. También hay que ser capaz de  hacer que el animal no vuelva a engordar después. Para conseguirlo, es indispensable utilizar alimentos especialmente preparados pues si lo único que se hace es disminuir el aporte de los alimentos que se compran en las tiendas, se reducirán además de la energía las proteínas, minerales y vitaminas que le son indispensables al animal. Hay que darle una alimentación pobre en energía pero rica en fibra —para llenar el estómago—, pobre en grasas pero equilibrada en proteínas, minerales y vitaminas. Incluirá carne magra de caballo, ciento blanco, zanahorias, verduras y un complemento mineral y vitamínico. Paralelamente se limitarán los cereales y se prohibirá el azúcar, las golosinas y los restos de comida. Prácticamente” se puede constituir una ración con dos comidas al día a base de  un cuarto de  carne magra, un cuarto de queso blanco y dos cuartos de ver duras, a razón de  400 gramos para un perro de  unos 10 kilos. Existen alimentos dietéticos especialmente preparados que únicamente recetan los veterinarios. Di versos laboratorios disponen de productos adapta dos y equilibrados, distribuidos por todos los veterinarios. Por último, y además de cualquier régimen de adelgazamiento, hay que aumentar las distracciones del animal, y sacarlo más a pasear y a que haga ejercicio.

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